Una curiosa historia sobre un Westbury Track 2
Publicado: 12 Feb 2012, 21:34
Hola compañeros,
Os voy a contar una historia fascinante, o curiosa al menos, que me sucedió hace unos meses y que me ha llevado a volcarme en la recuperación de un bajo bastante raro. No es un bajo extraordinario en si mismo, pero la ocasión merecía que le pusiera todo el cariño del mundo.
El protagonista de la historia es un Westbury Track 2. Un bajo como este:

El Westubry Track 2 fue un bajo construido en la famosísima factoría Matsumoku entre finales de 1978 y principios de 1982 (únicamente durante 4 años) utilizando materiales y manufacturas de primerisima calidad.
Como la mayoría de vosotros sabéis, la factoría Matsumoku se hizo inmensamente famosa en todo el mundo por ser la empresa japonesa que construía las guitarras Ibanez y Aria, entre otras, en los 80.
En esa época, los productos que salían de esta factoría estaban entre los de más calidad del mercado japonés, y sus copias de instrumentos americanos eran incluso mejores que los fabricados en USA, los cuales estaban en plena crisis de mercado a causa de la mala calidad de sus producciones.
Fue entonces cuando, aprovechando el enorme auge del mercado japonés, Matsumoku ermpezó a fabricar bajo diferentes marcas, intentando amortiguar el impacto comercial que suponían las copias de instrumentos americanos, con producción propia y diseños más originales.
La Westbury guitars fue una de esas marcas, pero tuvo una vida muy corta debido a que el precio de venta era muy inferior a los costes de producción.
En el caso del Track 2, el cuerpo era de caoba maciza, con cantos fresados, mástil de arce con diapasón de palorosa de excelente calidad, con perfil idéntico al de un P-Bass. Pastillas DiMarzio DP112, (de las mejores de la época). Circuito con selector de fase, y un diseño realmente original. Hay quien dice ahora que este sería el resultado si Gibson rediseñara el precisión Bass de Fender.
En definitiva, un bajo con mucha personalidad y un sonido realmente serio.
Fue en el año 1979 cuando yo compré mi Track 2. Lo compré nuevo en Centro Musical Barcelona, que eran importadores de Ibanez, y traían algunos productos salidos de la Matsumoko Factory como muestras del tipo de calidad de los acabados de la empresa.
Sólo tenían dos bajos como este, uno en color madera oscura, y otro en negro. Yo compré el de color negro, y me consta con absoluta certeza que no importaron ninguno más, pues estos llegaron como muestras en un contenedor de Ibanez , y no eran instrumentos que se vendieran fácilmente. De hecho el aspecto no era del gusto de todos, y yo lo compré precisamente por eso, pues odiaba los bajos que se parecían a los que tenían todos, y buscaba algo totalmente diferente. El Track 2 era realmente diferente.
Yo toqué con este bajo durante toda la década de los 80. No tuve ningún bajo más, pues mi economía no daba para tanto, y usé el Westbury, exclusivamente, durante esos diez años hasta 1989, que lo vendí para comprar mi primer Rickenbacker .
Lo vendí en una importante tienda de Barcelona de instrumentos de ocasión, NewPhono, la cual era un lugar muy recurrido si buscabas instrumentos usados de buena calidad.
Y allí le perdí la pista para siempre…Hasta hace cosa de seis meses, cuando vi en internet un anuncio vendiendo un bajo Westbury Track 2 en Barcelona , idéntico al mío.
Al principio solo me llamó a la curiosidad, y escribí al propietario para interesame por el bajo, pues el aspecto era realmente terrible y parecía haber sido abandonado durante años en una buhardilla.
Tras varios mensajes negociando el precio, y mostrando mis reticencias por comprar un instrumento tan castigado, el dueño me invitó a ir a probarlo y decidir en persona.
En su casa tuvimos una conversación más tranquila. El bajo sonaba bien, pero estaba realmente abandonado, y no apetecía nada comprarlo, por lo que a punto estuve de dejarlo correr. Fue entonces, ante el temor de perder la venta, cuando me contaron su historia, lo que despertó mi interés inmediatamente.
El bajo no era suyo, sino del hermano de su madre, “el que tocaba el bajo” como lo conocían en la familia, que lo había comprado de segunda mano en 1990, solo tres años antes de matarse en la carretera víctima de un accidente de moto. Desde entonces el bajo se había quedado en esa casa vacía, viendo pasar los años mientras las cajas y los trastos se acumulaban a su alrededor durante 18 años, hasta el punto de que todos olvidaron su existencia.
En el 2011, la madre de mi interlocutor decidió vender esa vivienda, y entre los trastos apareció el bajo del “tio que tocaba el bajo”, y el viejo Westbury fue rescatado de su entierro en vida.
Durante los primeros seis meses del año 2011, el bajo pasó por varias manos, pues lo intentaron vender como si tuviese gran valor, pero sin resultado. Según me contaron, lo probaron varios bajistas conocidos de la ciudad, que sintieron curiosidad por el diseño, pero se sintieron rechazados por el aspecto poco saludable que mostraba.
Finalmente optaron por sacarlo a la venta como un trasto, a ver si al menos recuperaban el gasto de tanto esfuerzo metido.
Inmediatamente me asaltaron las dudas. ¿Estaba realmente delante de mi viejo Westbury de los 80? Todas las piezas parecían encajar perfectamente para que eso fuera posible, pero yo no recordaba ningún detalle de mi bajo que pudiera utilizar de referencia para confirmar eso, así que no estaba seguro, pero…¿realmente importaba? Ese bajo, fuese el mío o no, era un veterano que había pasado por todas las aventuras imaginables, y estaba condenado a morir de forma horrible, porque lo estaban vendiendo por 100 euros, y a ese precio…a saber en manos que quien podía caer!
Ni lo dudé, y lo compré.
En estos momentos está en pleno proceso de restauración, y la satisfacción es tan grande, que no puedo resistirme a enseñaros lo que va a ir pasando.
Creo que va a ser en si misma una gran aventura, y el resultado será sorprendente. Os lo aseguro.
Queréis hacer conmigo este viaje?
Pues vamos allá.
Para no ensuciar esta sección, y ahora que ya os he hablado del bajo en sí mismo, continuaremos en Luthería con la restauración.
Aquí:
viewtopic.php?p=259041#259041
Os voy a contar una historia fascinante, o curiosa al menos, que me sucedió hace unos meses y que me ha llevado a volcarme en la recuperación de un bajo bastante raro. No es un bajo extraordinario en si mismo, pero la ocasión merecía que le pusiera todo el cariño del mundo.
El protagonista de la historia es un Westbury Track 2. Un bajo como este:

El Westubry Track 2 fue un bajo construido en la famosísima factoría Matsumoku entre finales de 1978 y principios de 1982 (únicamente durante 4 años) utilizando materiales y manufacturas de primerisima calidad.
Como la mayoría de vosotros sabéis, la factoría Matsumoku se hizo inmensamente famosa en todo el mundo por ser la empresa japonesa que construía las guitarras Ibanez y Aria, entre otras, en los 80.
En esa época, los productos que salían de esta factoría estaban entre los de más calidad del mercado japonés, y sus copias de instrumentos americanos eran incluso mejores que los fabricados en USA, los cuales estaban en plena crisis de mercado a causa de la mala calidad de sus producciones.
Fue entonces cuando, aprovechando el enorme auge del mercado japonés, Matsumoku ermpezó a fabricar bajo diferentes marcas, intentando amortiguar el impacto comercial que suponían las copias de instrumentos americanos, con producción propia y diseños más originales.
La Westbury guitars fue una de esas marcas, pero tuvo una vida muy corta debido a que el precio de venta era muy inferior a los costes de producción.
En el caso del Track 2, el cuerpo era de caoba maciza, con cantos fresados, mástil de arce con diapasón de palorosa de excelente calidad, con perfil idéntico al de un P-Bass. Pastillas DiMarzio DP112, (de las mejores de la época). Circuito con selector de fase, y un diseño realmente original. Hay quien dice ahora que este sería el resultado si Gibson rediseñara el precisión Bass de Fender.
En definitiva, un bajo con mucha personalidad y un sonido realmente serio.
Fue en el año 1979 cuando yo compré mi Track 2. Lo compré nuevo en Centro Musical Barcelona, que eran importadores de Ibanez, y traían algunos productos salidos de la Matsumoko Factory como muestras del tipo de calidad de los acabados de la empresa.
Sólo tenían dos bajos como este, uno en color madera oscura, y otro en negro. Yo compré el de color negro, y me consta con absoluta certeza que no importaron ninguno más, pues estos llegaron como muestras en un contenedor de Ibanez , y no eran instrumentos que se vendieran fácilmente. De hecho el aspecto no era del gusto de todos, y yo lo compré precisamente por eso, pues odiaba los bajos que se parecían a los que tenían todos, y buscaba algo totalmente diferente. El Track 2 era realmente diferente.
Yo toqué con este bajo durante toda la década de los 80. No tuve ningún bajo más, pues mi economía no daba para tanto, y usé el Westbury, exclusivamente, durante esos diez años hasta 1989, que lo vendí para comprar mi primer Rickenbacker .
Lo vendí en una importante tienda de Barcelona de instrumentos de ocasión, NewPhono, la cual era un lugar muy recurrido si buscabas instrumentos usados de buena calidad.
Y allí le perdí la pista para siempre…Hasta hace cosa de seis meses, cuando vi en internet un anuncio vendiendo un bajo Westbury Track 2 en Barcelona , idéntico al mío.
Al principio solo me llamó a la curiosidad, y escribí al propietario para interesame por el bajo, pues el aspecto era realmente terrible y parecía haber sido abandonado durante años en una buhardilla.
Tras varios mensajes negociando el precio, y mostrando mis reticencias por comprar un instrumento tan castigado, el dueño me invitó a ir a probarlo y decidir en persona.
En su casa tuvimos una conversación más tranquila. El bajo sonaba bien, pero estaba realmente abandonado, y no apetecía nada comprarlo, por lo que a punto estuve de dejarlo correr. Fue entonces, ante el temor de perder la venta, cuando me contaron su historia, lo que despertó mi interés inmediatamente.
El bajo no era suyo, sino del hermano de su madre, “el que tocaba el bajo” como lo conocían en la familia, que lo había comprado de segunda mano en 1990, solo tres años antes de matarse en la carretera víctima de un accidente de moto. Desde entonces el bajo se había quedado en esa casa vacía, viendo pasar los años mientras las cajas y los trastos se acumulaban a su alrededor durante 18 años, hasta el punto de que todos olvidaron su existencia.
En el 2011, la madre de mi interlocutor decidió vender esa vivienda, y entre los trastos apareció el bajo del “tio que tocaba el bajo”, y el viejo Westbury fue rescatado de su entierro en vida.
Durante los primeros seis meses del año 2011, el bajo pasó por varias manos, pues lo intentaron vender como si tuviese gran valor, pero sin resultado. Según me contaron, lo probaron varios bajistas conocidos de la ciudad, que sintieron curiosidad por el diseño, pero se sintieron rechazados por el aspecto poco saludable que mostraba.
Finalmente optaron por sacarlo a la venta como un trasto, a ver si al menos recuperaban el gasto de tanto esfuerzo metido.
Inmediatamente me asaltaron las dudas. ¿Estaba realmente delante de mi viejo Westbury de los 80? Todas las piezas parecían encajar perfectamente para que eso fuera posible, pero yo no recordaba ningún detalle de mi bajo que pudiera utilizar de referencia para confirmar eso, así que no estaba seguro, pero…¿realmente importaba? Ese bajo, fuese el mío o no, era un veterano que había pasado por todas las aventuras imaginables, y estaba condenado a morir de forma horrible, porque lo estaban vendiendo por 100 euros, y a ese precio…a saber en manos que quien podía caer!
Ni lo dudé, y lo compré.
En estos momentos está en pleno proceso de restauración, y la satisfacción es tan grande, que no puedo resistirme a enseñaros lo que va a ir pasando.
Creo que va a ser en si misma una gran aventura, y el resultado será sorprendente. Os lo aseguro.
Queréis hacer conmigo este viaje?
Pues vamos allá.
Para no ensuciar esta sección, y ahora que ya os he hablado del bajo en sí mismo, continuaremos en Luthería con la restauración.
Aquí:
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