

Se trata de un Fender Precision del 73/74, según el número de serie de la placa del mástil. El acabado estaba bastante machacado: rayones, abollados y golpes por detrás, un desconchón algo más pequeño que un pulgar por detrás del mástil y un pequeño quemado en el lateral del mismo (probablemente causado por un cigarrillo). Nada realmente horrible, pero desde luego muy lejos de estar en condiciones de coleccionista. El acabado era nitro (pensaba que los Fender de los 70 eran todos poly).
Todas las partes parecían originales excepto el golpeador de espejo, pero como no lo desatornillé no puedo opinar sobre la electrónica. La acción estaba algo alta pero muy tocable, todavía tenía algo de margen en el puente para bajarla y supongo que al alma también le queda recorrido. Los enganches de la correa estaban desplazados por vete tú a saber qué razón, hacia arriba el de atrás y hacia abajo el de delante.
Tras todos los inconvenientes, toca ponerse positivo: el bajo sonaba genial, un verdadero Precision de los 70 en toda su rugiente gloria. No era muy grueso (aunque estaba enchufado a un Peavy relativamente pequeño), pero cerrando el tono el rugido se convirtió en un sonido dulce y cantarín. Para enamorarse. Además, el sonido era completamente uniforme a lo largo de todo el diapasón. El cuerpo era bastante ligero, yo diría que 4kgs como mucho, desde luego más ligero que mi Road Worn (que ya es ligero), lo cual sorprende para un Fender de los 70.
Ahora a lo duro... el precio: 1695 libras, que vienen a ser 2070€. Me lo puedo permitir, pero sería otro juguete aparcado en mi habitación por lo que no creo que merezca la pena el sacrificio... por lo menos por ahora, ya que sólo estoy en una banda y ni siquiera ensayamos todas las semanas.
Para rematar, conforme salía de la tienda vi un Fender Jazz Bass del 66 (o eso decía en la etiqueta) en Olympic White con sus ceniceros ahí colgado por 3000 libras (3660€). Ahora que estoy en casa me arrepiento de no haberlo probado también, pero no quería dar más la nota...
