Gracias por los comentarios. Es muy satisfactorio saber que estas cosas pueden resultar interesantes para alguien.
Sigo con el proceso.
El primer paso fue restaurar el mástil.
Realmente no es que necesitara mucho más trabajo que una buena limpieza, pero me preocupaba que el alma estuviera tan oxidada como el resto de los hierros del bajo, y si eso hacía que estuviera bloqueada, de poco serviría el resto del trabajo.
Lo que hice fue aflojar la tensión del mástil, de esta forma podía comprobar el efecto de la tensión sobre la madera sin forzar la rosca. Un poco de aceite, y a soltar con cuidado.
Con el alma destensada, pude comprobar que el mástil tenía una ligera curvatura hacia atrás. Buena señal, porque significaba que con poca tensión podría corregirlo, pues las cuerdas harían gran parte del trabajo de recuperar la curvatura.
Ahora la tuerca gira bien, así que he de pensar que el alma trabajará sin problemas, cosa que no podré comprobar hasta que toque tensar con las cuerdas puestas.
Lo siguiente fue limpiar el diapasón y pulir el barniz.
Para limpiar el diapasón utilicé gasolina de mechero como medida de choque, pues lo que me interesaba conseguir de forma inmediata era bloquear el crecimiento del moho, y matar todas las esporas.
Necesité un par de manos, aplicadas con mucho cuidado para no estropear el barniz, y retiradas con un paño limpio.
Lo que salió de allí fue más que moho. Por el color debía haber hasta calamares, pero finalmente se limpió.
Posteriormente, el diapasón se llevó cinco manos de aceite de limón, que he puesto abundantemente dejando reposar hasta que la madera ha absorbido todo el aceite.
La gasolina reseca la madera y no conviene dejar el diapasón así, incluso en bajos nuevos, pero esta madera necesitaba urgentemente un buen engrasado desde hacía años, con lo que la gasolina no hizo más que abrir el poro.
Por último, pulí los trastes uno a uno con el minitaladro para dejarlos como nuevos. No estaban muy desgastados, ni rascaban en los bordes del mástil. El bajo tiene un excelente acabado de trastes, con lo que el pulido fue más que suficiente para dejar el mástil como nuevo.
Juzgad vosotros mismos el antes:
Y el después:
Animado por los resultados, me enfrenté al cuerpo.
Tras estudiar detalladamente la pieza, se puede ver que el trabajo de pintura no es muy complicado. Realmente consiste en unas pocas capas de nitrocelulósica ligeramente pulida.
Las capas son tan finas, que la textura de la madera se puede ver en relieve debajo del lacado. Con este acabado, solo cabían dos posibilidades: decapar y volver a lacar, o pulir hasta eliminar las rayas superficiales.
Volver a lacar permitiría dejar el bajo impecable, como nuevo, pero representaba una acción invasiva importante, y realmente no es lo que yo deseaba.
En este caso me gustaba la idea de conservar cierto carácter vintage al instrumento, y respetar en la mayor medida de lo posible su carácter de pieza que ha pasado por mil batallas tras muchos años de escenario.
Tanto si se trata de mi viejo bajo, como si es otro veterano que perteneció a un colega bajista que halló la muerte en la carretera, creo que se merece el respeto de conservar algunas de sus heridas de guerra, así que me decidí por hacer un pulido superficial.
Eso me llevó muchas horas de trabajo, pero mereció la pena.
Creo que podéis juzgar los resultados vosotros mismos.
Tal como estaba antes.
Y ahora.
Por cierto, el golpeador también se llevó una buena dosis de pulido mecánico. Es la mejor manera de recuperar estas piezas sin tener que volver a hacerlas, siempre que estén sin roturas, como era el caso.
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Y, hablando de dilemas.
Siempre se plantean más de uno cuando te enfrentas a una restauración. En Bellas Artes nos decían que las restauraciones no deben ser invasivas, y que se ha de respetar en el mayor grado posible todo lo que sea original de la pieza. Quizás esas enseñanzas han deformado mi visión de este tipo de trabajos, pero siempre tiendo a cuidar mucho los detalles, intentando recuperar la funcionalidad original del instrumento, aunque en algunas ocasiones no la beneficie demasiado.
Este es el caso de los ejemplos que pongo a continuación.
El puente original de este bajo es un Gibson de tres puntos.
Este es un puente que se usaba mucho en los 80, pero que en realidad es de una calidad muy cuestionable.
Veamos porque lo digo.
Cuando desmonté este bajo, vi que el puente era curvado. Esto no es lo habitual en los Gibson de tres puntos, por lo que imaginé que se trataba de un modelo distinto. Ante esto, mi primera intención fue mandarlo a re-cromar y conservar el puente original.
Buscando en internet información sobre este bajo, descubrí varios foros en los que se hablaba de él, y todos coincidían en un mismo problema: que el puente estaba roto y debía sustituirse.
Todos los comentarios hablaban del pésimo control de calidad que Matsumoku había puesto en la fabricación de los puentes de tres puntos, que además eran los mismos que fabricaban para Epiphone, y mostraban fotos de cómo se rompían todos por el mismo punto, dejando los puentes curvados hacia arriba.
Entonces caí en cuenta de que mi puente no debía ser curvado, sino que era otro de los puentes rotos.
Efectivamente, allí estaba la fisura en el metal
Fue en este momento cuando me plantee el dilema de si comprar un puente idéntico, o cambarlo por el Hipshot que fabrican precisamente con la intención de sustituir estos puentes tan malos.
Al final prevaleció mi criterio purista, y compré un puente nuevo Epiphone a un usuario de Ebay que se lo había cambiado a su Jack Casady. Afortunadamente lo conseguí muy barato, porque normalmente me habría costado más que el bajo. (cosa bastante injustificada, por cierto)
Comparando ambos puentes, se ve perfectamente la diferencia.
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Y aquí tenemos otro dilema al que me tendré que enfrentar próximamente.
En esta foto os muestro tres tipos de tornillos. Concretamente son los que sujetan el mástil al cuerpo.
El de la izquierda es el tornillo original que llevaba el bajo, tan oxidado que obliga a sustituirlo.
El del centro es el tornillo que he encontrado yo, casi idéntico al original incluso en su pésima calidad. Realmente Matsumoku tenía cosas muy buenas, pero otras bastante malas.
El de la derecha es un tornillo original bolt on de Fender, de gran calidad, y que actualmente es el estándar en la inmensa mayoría de instrumentos.
Se puede ver claramente que las dimesiones son distintas, lo que obliga a rellenar los agujeros originales y rehacer los anclajes para aceptar los tornillos nuevos. ¿Vale la pena?
Supongo que si, pero son cosas con las que suelo dudar hasta el ultimo momento.
En fin. Pronto continuaré con más información sobre este proceso.
Gracias por haber leído hasta aquí.