El problema que yo le suelo encontrar al heavy, y que se suele ver incrementado en algunos de sus subgéneros como el power metal (que por lo general requieren más técnica y velocidad) es que por cada grupo bueno hay por lo menos diez malos. Y si te vas al metal extremo las proporciones empeoran aún más.
Me ha gustado el análisis de Wolfraven respecto al Power Metal, creo que está muy acertado. Es el género que yo practico en una de mis bandas y de hecho hay que estar muy mentalizado y preparado para afrontarlo con garantías.
Cuando estamos hablando de estilos con tanta caña, velocidad, potencia, agresividad, etc, cuando no se hacen con un poquito de buen gusto, mesura, control, etc, y no se tiene la suficiente técnica instrumental, el resultado no suele ser para nada satisfactorio. Quizá en otros géneros más tranquilos no sea tan determinante todo esto pero en el heavy es vital si no quieres sonar jodidamente mal. Ahora bien, cuando te encuentras una banda metalera que cumple sobradamente todos estos requisitos, y el equipo acompaña, el resultado puede ser de lo más épico y grandioso.
A mi me encanta el heavy metal desde antes de la adolescencia, y dentro de unos días cumpliré los 27 así que algo ha llovido. Me sigue gustando aunque con el tiempo me volví mucho más exigente y exquisito a la par que mis fronteras musicales se iban expandiendo. Hoy día no me seduce la típica banda metalera de tios duros incultos y borrachos que van presumiendo de cuantas chicas se tiran y cuanto alcohol consumen (me aburre y me repugna, de hecho) más bien me interesan las bandas de melómanos que utilizan el metal como base para plasmar una música llena de contrastes y belleza técnica al servicio de grandiosas composiciones. Obviamente me cuesta horrores encontrar grupos que cumplan con mis expectativas, pero de vez en cuando descubro alguna nueva joya que disfruto con sumo placer

(sobre todo en el género progresivo, que es mi favorito).